La urgente y necesaria alfabetización digital crítica en educación

Qué es la alfabetización digital crítica

La alfabetización digital puede entenderse como la habilidad para localizar, organizar, entender y analizar la información a través de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Así se desprende de muchas definiciones como la que podemos encontrar en Wikipedia: …es la habilidad para localizar, organizar, entender, evaluar y analizar información utilizando tecnología digital. Implica tanto el conocimiento de cómo trabaja la alta tecnología de hoy día como la comprensión de cómo puede ser utilizada. La alfabetización digital está vinculada con la Red y las competencias requeridas para desempeñarse en el entorno creado por lenguajes multimediáticos.[

Pero si nos quedamos sólo con este tipo de definiciones, podemos correr el riesgo de centrar la alfabetización digital desde un punto de vista meramente instrumental. Como diría uno de los mayores representantes de la Pedagogía Crítica, H. Giroux: En este contexto, la pedagogía se convierte en sinónimo de enseñanza como técnica o como práctica de una habilidad parecida a las manualidades. No se habla aquí de conectar a la pedagogía con la tarea social y política de la resistencia (Giroux, H. 2015).

Sin embargo, si aceptamos que en nuestra sociedad actual las TIC influyen (y, al mismo tiempo son influidas) por la política, la economía, las relaciones humanas, la organización social… la educación, en tanto que es formadora, socializadora y está inserta en contextos sociales concretos, debiera tener una gran parte de responsabilidad en que esa alfabetización digital se lleve a cabo desde un paradigma ético y crítico. Esto es coherente con la pedagogía crítica desarrollada por autores como Giroux: En oposición a la reducción instrumentalizada de la pedagogía a un mero método que no tiene lenguaje para relacionar el yo con la vida pública, con la responsabilidad social o con las demandas de ciudadanía; la pedagogía crítica trabaja para iluminar las relaciones entre el conocimiento, la autoridad y el poder (Giroux, H. 2015).

En la misma línea, si hacemos referencia a la alfabetización crítica, Paulo Freire planteó una educación en la que la experiencia escolar dialogase necesariamente con la vida cotidiana, para así lograr una alfabetización no sólo lingüística sino también política. Una práctica educativa en la que la toma de autoconciencia política y humana eran causa y consecuencia del proceso educativo como sinónimo de libertad. Freire definió la alfabetización desde el sentido de que las personas aprenden a escribir su vida, como autores y testigos de su historia, conscientes de sí mismos y del mundo.

Por tanto, podríamos definir la alfabetización digital crítica como un aprendizaje crítico y reflexivo que se lleva a cabo y actúa sobre/desde el actual contexto informacional y cuya finalidad es transformar la sociedad, más allá de la mera alfabetización digital instrumental basada en capacitar técnicamente sobre el uso y manejo de las TIC. No se trata sólo de saber acceder y manejar información, sino sobre todo de analizarla de forma crítica y transformarla en conocimiento útil para la transformación social y personal. Así lo establecen algunos autores como el profesor y doctor en TIC Alfonso Gutiérrez Martín: La información en sí (datos, cifras, palabras, imágenes, sonidos, signos y símbolos de todo tipo) no tiene ningún valor hasta que no se procesa y convierte en saber personal, en conocimiento del ser humano, único, por otra parte, capaz de convertir la información en fuente de placer, enriquecimiento personal y transformación social (Gutiérrez Martín, A. 2003).

La necesidad de llevar a cabo una educación digital crítica en educación

Las TIC no constituyen un mero conjunto de herramientas, sino que actualmente están dentro de un entorno complejo de socialización. Así mismo, debemos reconocer que no hay una realidad online y otra offline, sino que realidad incluye a ambos mundos en interacción. En este contexto de socialización, Internet cobra especial relevancia como medio en el que se producen importantes relaciones humanas, supone un canal de expresión y comunicación y facilita el acceso y construcción de información y cultura. Según autores como Burbules y Callister (2000/2001: 19) cada vez más Internet es un contexto en el cual se dan interacciones que combinan y entrecruzan las actividades de indagación, comunicación, construcción y expresión. Categorías que para importantes pedagogos como John Dewey representan cuatro intereses básicos para el alumnado.

A partir de reconocer las posibilidades de influencia mutua y evolución de la tecnología y la sociedad, la Educación debería trabajar para rechazar las tesis sobre el determinismo tecnológico y capacitar en un uso crítico y responsable de las TIC. Desde teorías como la construcción social de la tecnología (Bijker, 1995) o la teoría del actor-red (Latour, 1992), se considera a la tecnología como el resultado de un proceso activo de construcción, más que como una propiedad intrínseca de dicho artefacto (Aibar, E. 2008). Y si en este proceso se reconoce igualmente el papel de los grupos sociales como actores relevantes en la construcción de los sistemas tecnológicos (por acción y/u omisión), el contexto educativo cobra especial importancia en la formación de grupos sociales para ejercer una mayor y mejor influencia en el uso, desarrollo y evolución de las TIC.

Desde hace ya dos décadas, la UNESCO apunta claves para la educación en el siglo XXI, saberes que preceden a cualquier otra guía o desarrollo de competencias: enseñar la condición humana, la comprensión, las incertidumbres, el conocimiento, la ética… Señala también lo que ha definido como los cuatro pilares básicos de la educación:

  • aprender a conocer, comprendiendo el mundo que nos rodea; aprender a hacer, para poder influir sobre el propio entorno;
  • aprender a convivir, para participar y cooperar con los demás;
  • aprender a ser, desarrollando la propia personalidad, la capacidad de juicio y de responsabilidad personal.

Por tanto, la educación no debiera sólo buscar la adquisición de conocimientos, sino también (y sobre todo) formar personas para que puedan llegar a asumir el protagonismo de sus propias vidas y desarrollar habilidades para una correcta resolución de conflictos y la defensa de los derechos humanos. En este sentido, los centros escolares son un contexto idóneo para educar en principios, valores y habilidades donde las TIC tengan un papel protagonista (como herramientas y como objeto de estudio).

Sin embargo, la implementación de las TIC en los centros educativos se ha centrado principalmente en dotar de recursos a los mismos (subvenciones para pizarras digitales, compra de ordenadores y tablets, creación de salas de informática, pupitres digitales…) sin que haya un proyecto educativo detrás. Así lo han señalado diversos estudios como el Informe de Tecnología Educativa 2008, donde se afirma que una de las razones que explica el fracaso de la implantación de las nuevas tecnologías en la educación pública, es que esta no se corresponde con un proyecto educativo, sino con una mera compra de ordenadores o mayor dotación tecnológica. Por tanto, podemos afirmar, que el principal problema con las TIC en la educación no radica sólo en una mera falta de recursos, sino en la falta de un modelo educativo y pedagógico crítico de referencia en el uso de las mismas. Por eso es urgente y necesario desarrollar e implementar un modelo de alfabetización digital crítica en contextos educativos.

Contenidos para implementar la alfabetización digital crítica en educación

Ya se ha comentado que la alfabetización digital crítica no sólo busca capacitar instrumentalmente en el uso y acceso a las TIC, sino también debe convertir a la propia tecnología en objeto de estudio y cuya finalidad es la transformación de la sociedad. Algunos de los contenidos que se proponen para llevar a cabo una alfabetización digital crítica podrían tener que ver con:

  • Investigar, analizar y reflexionar sobre procesos personales y sociales mediados por las TIC: análisis de la construcción de la identidad digital, intimidad y protección de datos, mejorar las habilidades comunicativas, conocimiento de normas y pautas de autocontrol, análisis crítico de las relaciones sociales mediadas por las TIC, saber identificar y prevenir estereotipos y roles de sexo y género, identificar de forma temprana, prevenir y saber actuar frente al ciberacoso…
  • Investigación y análisis crítico de la información: saber buscar de forma eficaz información de calidad, saber filtrar la información de utilidad, saber realizar curación de contenidos, prevenir la infoxicación, reconocer información falsa o fake news, analizar críticamente la información encontrada, detectar y conocer fuentes fiables, prevenir la burbuja de filtros, deconstruir los imaginarios colectivos y saberlos analizar de forma crítica…
  • Ciberseguridad: aprender a navegar de forma segura, configuración correcta de cuentas y registros, saber establecer contraseñas robustas, conocer herramientas antivirus y cortafuegos, prevención de estafas, evitar el phishing o smshing, doxing malintencionado…
  • Salud y prevención primaria derivada de malas prácticas en el uso de las TIC: cuidados de la vista, ergonomía y postura corporal, tiempo y calidad en los usos de los dispositivos, prevención de ciberadicciones (sobre todo entre la juventud han crecido la adicción a las apuestas online y los videojuegos –ICE 11, OMS-)…
  • Habilidades digitales: conocimiento y uso de software específico (sistemas operativos, procesadores de texto, edición de imagen y video, realización de presentaciones multimedia…), programación, robótica, impresión 3d, diseño web, lenguaje audiovisual, creación y conocimiento de APPs… apostando, además, por el software y el hardware libre y el comercio justo en el uso y adquisición de tecnología.
  • Desarrollo de la creatividad: usando las TIC para favorecer la libre expresión realizando periodismo ciudadano, composición de música, trabajando habilidades plásticas, construcción de nuevas narrativas transmedia y multimedia, edición de imagen y vídeo…
  • Tecnología, política y sociedad: conocer las grandes empresas e intereses detrás de algunas plataformas y herramientas tecnológicas, descubrir el ciclo de vida de la tecnología, romper los mitos sobre la supuesta neutralidad tecnológica, establecer una relación entre ética y tecnología, relacionar las leyes y la actividad online (por ejemplo con la ley mordaza), saber elaborar campañas de contrapublicidad y ciberactivismo, prevenir el consumismo tecnológico… En definitiva, enseñar y entrenar en la soberanía tecnológica.

Otra posible clasificación de los contenidos que complementan los contenidos digitales antes mencionados podría ser la que nos ofrece la InfollutionZero Foundation para el Foro Económico Mundial, según la cual familias y personas educadoras pueden preparar a niñas y niños para la era digital trabajando conjuntamente la inteligencia digital:

Fuente: Las 8 habilidades digitales para la vida que niñas y niños necesitan aprender (InfollutionZero Foundation).

Pistas y estrategias para la implementación de una alfabetización digital critica en educación

Quizás, uno de los primeros pasos para llevar a cabo una alfabetización digital crítica, podría ser redefinir la actual competencia digital que deben llevar a cabo los centros escolares. A menudo esta competencia digital es mencionada en leyes, proyectos educativos, programas… pero muchas veces se queda en un aprendizaje técnico instrumental. Deberíamos reflexionar sobre los objetivos (llevados a cabo de forma consciente o no) que hay detrás de la educación tecnológica actual. Ser conscientes de la finalidad educativa que llevamos a cabo en nuestros contextos de acción podría ser el primer paso para ver la necesidad de un cambio.

En segundo lugar, para llevar a cabo una alfabetización digital crítica alternativa, nos podemos servir de metodologías de enseñanza-aprendizaje alternativas y participativas. En este tipo de metodologías y herramientas también debemos ser críticos. Actualmente, bajo la apariencia de innovación educativa se llevan a cabo prácticas que legitiman y replican viejas pedagogías bajo una apariencia modernizadora. Aquí debemos hacer referencia directa al uso de las TIC. Bien por sus nuevas posibilidades de aprendizajes más interactivos y con mayor protagonismo por parte del alumnado, además de las nuevas posibilidades creativas para la generación de contenidos. O bien, por adquirir una postura crítica en la implementación y uso de estas TIC y no caer en la mera innovación técnica que refuerza viejas pedagogías y mantiene bajo una apariencia modernizadora el rol tradicional del profesorado y los objetivos de una educación meramente instruccionista.

En tercer lugar, deberemos trabajar desde lo colectivo. Para que sea posible un cambio estructural es necesario la implicación del profesorado, las familias, los medios, el alumnado, otros agentes de socialización… Para trabajar desde lo colectivo, nuevamente podemos atribuir a las TIC un papel central. Hay varios aspectos en los que un buen uso de las TIC, a través de herramientas y recursos concretos, pueden ayudarnos a trabajar desde lo colectivo: plataformas y herramientas de coordinación, comunicación interna y gestión de equipos, aplicaciones para la planificación y organización escolar, el uso de las redes sociales para mejorar la relación entre las personas, bancos de recursos de apoyo al profesorado…

En cuarto lugar, la alfabetización digital crítica actual debe ser debe ser transmedia. Si reconocemos la importancia de los medios y las TIC en la construcción de nuestra personalidad y la organización social, se hace necesario incluir una educación basada en lo que Scolarí llama Ecología de Medios por llevar implícito el sentido global y complejo para relacionar las interconexiones de los diferentes medios de comunicación. Esto también puede recordarnos a algunos precedentes como la metodología Freinetiana, que ponía el énfasis en la producción de contenidos a través de diversos soportes y medios por parte del alumnado. Llevar a cabo una narrativa transmedia en educación supone un reto más dentro del cambio hacia una educación más compleja, participativa y con un mayor protagonismo en los procesos de enseñanza-aprendizaje por parte del alumnado.

En quinto lugar, la alfabetización digital crítica debe situar a las personas en el centro, no a la propia tecnología ni a la economía capitalista que hay detrás. Se debe dar prioridad a las necesidades de las personas, adaptando el contexto y el uso de las TIC a estas necesidades (a menudo, con la tecnología generamos nuevas necesidades en lugar de satisfacer las que ya tenemos).

En sexto lugar, es necesario redefinir las relaciones de poder y roles entre profesorado y alumnado. Esto se posiciona en contra del actual concepto hegemónico en el que se conceptualiza al alumnado como un contenedor vacío que el profesorado debe llenar de conocimientos. Un concepto de educación que Paulo Freire denominó bancaria (Freire, 1979). Posteriormente, Mario Kaplún, haciendo referencia a Freire, conceptualizó como comunicación bancaria (Kaplún, 1998) el tipo de comunicación que sigue la misma lógica en los procesos comunicativos. En este cambio metodológico las TIC pueden jugar un papel importante por las nuevas posibilidades educativas que nos ofrecen si se realiza un uso crítico y responsable de las mismas.

En séptimo lugar, la alfabetización digital crítica se debe llevar desde un contexto de convivencia digital proactivo. Las TIC, al mismo tiempo que nos conectan, también crean importantes contextos de individualidad. Según Javier Callejo: Podría decirse que nos acercamos hacia los medios de comunicación individualistas. Para ser recibidos sus contenidos individualmente, como ocurre con la comunicación que se recibe a través del ordenador conectado a Internet, frente a la recepción colectiva y grupal de los anteriores medios. Para ser utilizados individualmente. La mayor parte de las comunicaciones que fluyen por la red son registros narcisistas: expresiones para ser apenas vistas sólo por su autor, pérdidas en los millones de mensajes. Ahora bien, dentro de la vecindad global generada por los medios masivos, toca ahora moverse individualmente (Callejo Gallego, J. 2008). En este sentido, quizás se podría entender la falta de sentimiento de comunidad mencionada por este autor al hablar de falta de raíces compartidas, como un elemento común que ayude a establecer lazos afectivos, de convivencia y solidaridad. Los centros educativos, en tanto que suponen contextos de socialización y marcos de convivencia, podrían suponer un espacio idóneo para educar en una convivencia basada en la solidaridad, el respeto y la tolerancia… a través de desarrollar mejores habilidades sociales, la empatía y la comprensión de un mundo complejo y heterogéneo.

Para que todo esto sea posible, pienso que también es necesario acabar con la actual organización del curriculum por asignaturas. Este sistema de asignaturas crea una estructura de conocimiento “atomizadora”, en la que no hay conexión entre los saberes. Además, también hay que romper con el carácter propedéutico de la educación actual (en donde un curso es sólo una preparación para el siguiente en lugar de tener sentido en sí mismo y estar en conexión con la realidad fuera del aula). Esto choca de lleno con la sociedad actual, la cual es compleja y requiere de una capacidad crítica capaz de establecer conexiones para comprehender la globalidad y transformar el mundo que nos rodea. Por ello, es necesario que la alfabetización digital propuesta esté dentro de un contexto educativo holístico e integral.

Para ayudar en cualquiera de los puntos mencionados anteriormente, puede resultar de mucha utilidad conocer y aprender de experiencias, proyectos y personas de referencia. A menudo el discurso de la dificultad de cambio esconde resistencias al cambio, una falta de conocimiento o la ausencia de referentes para iniciar nuestro camino. Sin embargo, en la actualidad ya contamos con innumerables proyectos, teorías, pedagogos…  que han puesto en marcha en el pasado (o existen en la actualidad) experiencias educativas alternativas.

Por último, creo que gran parte de las posibilidades reales de cambio tienen que ver con otra preparación y formación del profesorado. La mayoría del profesorado, en las carreras de magisterio, se centran en la adquisición de los contenidos de la materia que impartirán. Sin embargo, la realidad en la práctica docente es mucho más compleja. El profesorado hoy en día debe hacer frente a la gestión de un aula compuesta por personas muy diferentes, coordinarse con el equipo docente, relacionarse con las familias… Y esta falta de preparación es todavía más notoria cuando se hace referencia a la capacitación tecnológica en contextos educativos. Todas estas situaciones plantean conflictos diarios para los que la mayoría del profesorado no se ha preparado. Pienso que la educación superior para la formación docente debería centrar sus planes de estudio en el trabajo en habilidades sociales, trabajo en equipo, planificación del aula y los centros, pedagogías alternativas… y, en el caso que nos toca, una formación profunda en alfabetización digital crítica. Así mismo, es importante adquirir una actitud de formación permanente. No sólo porque nuestra formación previa en muchas ocasiones no nos ha capacitado para educar en la sociedad tecnológica actual, sino también porque dicha realidad y la propia tecnología está en constante cambio.

Conclusiones

La alfabetización digital puede entenderse de forma coloquial como la habilidad para localizar, organizar, entender y analizar la información a través de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Pero si nos quedamos sólo con este tipo de definiciones, podemos correr el riesgo de centrar la alfabetización digital desde un punto de vista meramente instrumental. Sin embargo, si aceptamos que las TIC influyen (y, al mismo tiempo son influidas) por la política, la economía, las relaciones humanas, la organización social… la educación, en tanto que es formadora, socializadora y está inserta en contextos sociales concretos, debiera tener una gran parte de responsabilidad en que esa alfabetización digital se lleve a cabo desde un paradigma ético y crítico.

La alfabetización digital crítica supone un aprendizaje crítico y reflexivo que se lleva a cabo y actúa sobre/desde el actual contexto informacional y cuya finalidad es transformar la sociedad, más allá de la mera alfabetización digital instrumental basada en capacitar técnicamente sobre el uso y manejo de las TIC. Por tanto, no se trata sólo de saber acceder y manejar información, sino sobre todo de analizarla de forma crítica y transformarla en conocimiento útil para la transformación social y personal.

Las TIC no constituyen un mero conjunto de herramientas, sino que suponen un entorno de socialización en conexión con la realidad online en el que se están produciendo importantes interacciones humanas. A partir de reconocer las posibilidades de influencia mutua y evolución de la tecnología y la sociedad, la Educación debería trabajar para rechazar las tesis sobre el determinismo tecnológico. Y si en este proceso se reconoce igualmente el papel de los grupos sociales como actores relevantes en la construcción de los sistemas tecnológicos (por acción y/u omisión), el contexto educativo cobra especial importancia en la formación de grupos sociales para ejercer una mayor y mejor influencia en el uso, desarrollo y evolución de las TIC.

Algunos de los contenidos que se han propuesto como ejes temáticos para llevar a cabo una alfabetización digital crítica podrían tener que ver con: procesos personales y sociales mediados por las TIC, investigación y análisis de la información, ciberseguridad, salud, habilidades digitales, creatividad o soberanía tecnológica.

Para poder llevar a cabo una alfabetización digital crítica en educación, algunas ideas propuestas han sido: redefinir la actual competencia digital que deben llevar a cabo los centros escolares, el uso de metodologías de enseñanza-aprendizaje alternativas y participativas, trabajar desde lo colectivo, tener en cuenta la cultura transmedia actual, situar a las personas en el centro de la intervención, redefinir las relaciones de poder y los roles entre los diferentes agentes educativos, apostar por un contexto educativo holístico e integral en lugar del actual sistema propedéutico de asignaturas y apostar por una formación permanente por parte del profesorado.

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